sábado, 12 de abril de 2014

ENTREVISTA DANIEL JOHNSTON (2005)

Lejos, muy lejos

Por Jordi Bianciotto

Este niño grande del pop de baja fidelidad y alto contenido emocional es un artista de cotidianidad difícil, abrumado por un mundo exterior incomprensible y unas fastidiosas voces interiores que resuenan en su cabeza y le amargan la vida. Un hombre frágil y conmovedor que prefiere componer y grabar en la placidez de su hogar en Austin, Texas, a verse envuelto en una gira. Recuperaramos este intento de charla entre Jordi Bianciotto y Daniel, una extraña conversación que se produjo en su visita de 2005 y en la que, entre otras cosas, salió a relucir su alianza con el ahora difunto Mark Linkous, muerto en 2010. Bienvenidos al Planeta Johnston, siempre una desconcertante sensación.
Hagamos un mea culpa colectivo: a quienes participamos de esa idea tan entrecomillable llamada cultura del rock nos fascinan los casos clínicos, las patologías. Hay una larga tradición al respecto, con asteroides como Brian Wilson y Syd Barrett. El caso del californiano Daniel Johnston (Sacramento, 1961) es menos épico, pero ha dado pie a un merecido culto subterráneo por su explosiva suma de componentes: inocencia melódica, puntería emocional con muy pocas herramientas materiales, el candor y la malicia propios de un niño.
Y una niebla interior, resultado de una enfermedad mental crónica y una tendencia maníaco-depresiva, que envuelve el asunto con un lazo de producto genuino, de rareza. Lo es porque obras desamparadas como “Hi, How Are You” (Homestead, 1983) o“1990” (Shimmy Disc, 1990) dan un nuevo sentido a la etiqueta lo-fi. La de Johnston es una música doméstica porque el mundo la hizo así; canciones que albergan tanta inocencia como monstruos, con la sensibilidad a flor de piel, que rinden tributo a The Beatles y a los cómics del Capitán América; canciones que buscan consuelo en el lado amable de la vida (“enamorado, todos los problemas desaparecen”; “no hay duda: el amor gana”, asegura en las notas de sus discos) para combatir las turbulencias anímicas. Composiciones que siguen reproduciéndose: el agradable “Fear Yourself”(Sketchbook, 2003) lo recuperó y lo trajo de gira por primera vez a España (FIB) mientras el volumen “The Early Recordings Volume 1” (Dualtone, 2003) sacaba del armario las grabaciones perdidas del período 1980-83. Una obra valiosa, sí. Pero hay que saber de qué estamos hablando cuando hablamos de Daniel Johnston.
“No, no me gusta viajar. Es divertido, pero prefiero estar en casa. Pero no me gusta quejarme… Es divertido, pero prefiero estar en casa, como he dicho”
Y hablamos de un hombre que dice oír voces en su cabeza. Voces en plural: a veces, incluso, se pelean en su interior y lo aturden. Eso dice. Un hombre que se deleita al ver su reflejo en un espejo; que ríe al ver su imagen riendo (le ocurrió en Barcelona el pasado 6 de junio antes de salir a actuar en Apolo). Un hombre que bebe diariamente varios litros de Coca-Cola y refrescos; que se nutre de fast food y que ha engordado algunas decenas de kilos en la última década. Un hombre que circula con una camiseta vieja repleta de manchas de bebida y comida; que no distingue entre lo que ocurrió ayer y hace una semana; que no mira al interlocutor cuando habla. Que da por concluidos sus conciertos tras veinte o cuarenta minutos de actuación; depende.
Me encuentro a Daniel Johnston sentado en un sillón, en la casi desierta cafetería de un hotel de Barcelona. Fuma y va sorbiendo una lata de limonada. Su mirada reposa en una de las baldosas de la sala. Mi entrada no provoca el menor gesto ni modificación de una postura que revela desinterés por el entorno o, simplemente, cansancio. Lleva el pelo teñido de rubio con tinte barato. Su rostro se ha ido deformando con los años; tiene algo de niño prematuramente envejecido. Paco y Manolo se lo llevan a un rincón para una rápida sesión fotográfica. Cuando regresa, iniciamos un diálogo desigual: muchas preguntas, respuestas breves, algunas de ellas casi automáticas. Johnston me habla sin mirarme, con la cabeza ligeramente orientada hacia el lado opuesto en que me encuentro.
Hola, Daniel. Te vi anoche en Apolo. ¿Te sentiste bien? Oh, sí, sí, todo fue muy bien.
¿Cómo llevas el hecho de ir de gira? ¿Te gusta viajar? No, no me gusta. Es divertido, pero prefiero estar en casa. Pero no me gusta quejarme… Es divertido, pero prefiero estar en casa, como he dicho.
Anoche fuiste muy aplaudido. ¿Te gusta tener contacto con tus fans? ¿Quizá pore-mail? Oh, sí, está bien. Es divertido. ¿“E-mail”? No, es una locura. No tengo contacto. En realidad, no tengo internet. No tengo.
 
DANIEL JOHNSTON, Lejos, muy lejos
“¿Leer? No, no leo, no. Veo muchos DVDs; películas. Películas antiguas en blanco y negro”.
 
Intento iniciar una conversación sobre “Lost And Found”, el álbum que Sketchbook (Houston Party en España) publicará a principios de 2006 y que Johnston dice tener casi terminado. “Aún tengo que darle unos retoques”. Incluye al menos un par de canciones conocidas de su discografía: “Everlasting Love” y “The Beatles”. “Sí, quería volverlas a hacer. Que sonaran mejor, con un sonido más potente; con una nueva producción. ‘The Beatles’ es una de mis canciones favoritas… Mi productor quería que volviera a grabarla”. Tras “Fear Yourself”, Johnston sigue volcado en nuevas grabaciones. Esa es su actividad predilecta: quedarse en casa y elaborar canciones con tranquilidad, sin tensiones ni señales externas. “Siempre estoy escribiendo, grabando, trabajando… Eso es lo que me gusta. Y la producción; grabar pistas y todo eso. Todo va junto; componer y grabar forma parte de una misma cosa”. No entra en detalles, pero da la sensación de que no suele trabajar pensando en un concepto de disco, sino que le van saliendo canciones que, finalmente, destina a un lanzamiento u otro. “Las canciones del nuevo disco las he ido componiendo y grabando en los últimos cuatro años. Me gusta involucrarme en varios proyectos al mismo tiempo”. Habla más bien rápido, vocalizando poco, ventilando preguntas como si se tratara de un cuestionario telefónico. Reacciona con rapidez cuando le menciono a Jad Fair. “Es mi amigo. He disfrutado mucho con él. A veces aún hablamos. Seguro que volveremos a hacer un disco juntos”.
“No conozco grupos nuevos. The Beatles, The Beach Boys… También The Velvet Underground, Bob Dylan… No hay cosas nuevas que conozca. No escucho la radio. No, no…”
Ha recuperado su alianza con Mark Linkous (Sparklehorse), cómplice en materia de arreglos y producción. Lo menciona espontáneamente. “Desde que he vuelto a trabajar con Mark, he conseguido un sonido más profesional. Me gusta trabajar con gente profesional”, musita. Su primer instrumento fue el piano, que utiliza junto con la guitarra para componer. “¡Pero no al mismo tiempo!”, bromea de repente. “Quizás ahora me sienta un poco mejor con la guitarra, aunque vino después que el piano”. Sorprende al mencionar a su pianista predilecto: “Thelonious Monk. Sí, es muy distinto del pop. A mí también me gusta improvisar. Luego, mis otros pianistas favoritos son Paul McCartney y John Lennon”. Mencionar a The Beatles comporta riesgos: me cuentan que, en una entrevista anterior, ha estado a punto de romper a llorar cuando el periodista los ha nombrado. Bueno, cuando le ha sugerido a Daniel cómo se imaginaría el mundo si no hubieran existido The Beatles...
¿Qué escuchas actualmente? De todo. Pop, especialmente. Del pasado. No conozco grupos nuevos. The Beatles, The Beach Boys… También The Velvet Underground, Bob Dylan… No hay cosas nuevas que conozca. No escucho la radio. No, no…
¿Has vuelto a leer algún libro de Raymond Carver? ¿Leer? No, no leo, no (se pone a reír inesperadamente). Veo muchos DVDs; películas. Películas antiguas en blanco y negro (saca del bolsillo un pañuelo de tela con aspecto de acumular restos de resfriados de varios meses y se suena aparatosamente. Miro hacia otro lado).
¿Pintas? Sí. Dibujo, sobre todo. Estoy preparando la portada del nuevo disco.
¿Crees que seguirás haciendo giras? (Silencio)
¿Preferirías centrarte en las grabaciones? Sí, definitivamente.
Durante la última parte de la entrevista, Daniel Johnston ha cambiado de posición: su mirada ha pasado a fijarse directamente en el techo, con la cabeza reposando en el respaldo del sillón. Parece claro que la conversación ha concluido. Me levanto y aparece su hermano, con quien viaja y quien le lleva sus asuntos. Mi expresión debe de ser de cierta desolación; me pregunta si todo ha ido bien. El autor de “King Kong” sigue atrincherado en el sillón, apurando un pitillo y sin mirarnos. Hora de comer.
Daniel Johnston ha grabado discos conmovedores; arte pop desvalido que justifica su posición de ídolo de culto, de creador visionario. Pero, observándolo aturdido por el trajín de una gira, es fácil dudar de que lleve la mejor de las vidas o, incluso, una vida que él haya elegido libremente. Es mejor imaginarlo en su casa, dibujando o componiendo esas canciones de pop frágil que tantas sombras esconden. 

ENTREVISTA (2012) MARK LANEGAN


Un paseo por el abismo

Tardó ocho años en recuperar su carrera en solitario, pero la espera valió la pena. Después de ponerse al servicio de Soulsavers, Isobel Campbell o Queens Of The Stone Age, entre otros, la voz cavernosa del exlíder de Screaming Trees reclamó protagonismo nuevamente en “Blues Funeral” (2012), un álbum de corte elegíaco, de inspiración cinematográfica y con ecos krautrock. La bestia volvió a rugir.
Las cosas cambian. Hace casi catorce años, Mark Lanegan se asomaba a estas páginas (Rockdelux 158, diciembre 1998) arrastrando fama de arisco y pendenciero, paradigma del rockero de mala reputación y pasado patibulario, con la gorra calada hasta casi ocultar su rostro, una expresión pétrea en la mirada y respuestas afiladas como cuchillos. Por entonces había publicado su tercer álbum en solitario, “Scraps At Midnight”(Sub Pop, 1998), y todavía giraba acompañado de Ben Shepherd (Soundgarden), poniendo de manifiesto que sus vínculos con Seattle, la ciudad donde desarrolló su carrera al frente de Screaming Trees, seguían siendo sólidos.
No es que ahora sea el tipo más divertido del mundo, pero Lanegan se ríe a gusto en algunos momentos de la conversación. A base de carcajadas guturales, huelga decirlo. Quizá algo ha tenido que ver la meterología de Los Ángeles, ciudad a la que se trasladó hace más de una década (“Me atrajo la luz del sol, me mantiene vivo”, asegura), o puede que los años que ha pasado subiéndose al escenario con músicos de diferentes personalidades y variado perfil sonoro lo hayan convertido en una persona más sociable.
“Cuando acabé ‘Bubblegum’ me tomé un año libre. Después empecé a hacer cosas con The Twilight Singers; luego me puse a grabar y girar con Isobel Campbell, Soulsavers, The Gutter Twins... Los años fueron pasando sin que me diera cuenta y en diciembre de 2010 fui consciente de que realmente hacía mucho tiempo que no grababa un disco mío, así que me puse a ello”
Lo que no ha cambiado, y se nota desde el momento en que descuelga el teléfono, es su garganta. Esa característica voz rotunda y de registros graves, capaz de sumergir las canciones en la oscuridad más profunda, que sigue siendo la seña de identidad de un Lanegan con motivos para sentirse feliz: “Blues Funeral” (4AD-¡Pop Stock!, 2012) es quizá su mejor álbum como solista. “Todo el mundo dice siempre que el último es el mejor, pero en este caso lo creo de verdad. He disfrutado mucho durante el proceso de grabación y me encantan las canciones, así que estoy de acuerdo contigo”, comenta mientras ríe abiertamente por primera vez. “Grabo discos porque soy consciente de que alguien más los escuchará, y siempre te hace sentir bien que haya otra gente que disfruta con lo que haces. Es parte de este trabajo”.
Necesitaba un disco así. Y no solo porque “Bubblegum” (Beggars Banquet, 2004), su anterior entrega (y primera firmada como Mark Lanegan Band), era acogida de manera bastante tibia, sino porque ya habían pasado ocho años desde su publicación, durante los cuales el cantante había colaborado con otros músicos. “En realidad, no tenía intención de que transcurriera tanto tiempo. Cuando acabé ‘Bubblegum’ me tomé un año libre. Después empecé a hacer cosas con The Twilight Singers; luego me puse a grabar y girar con Isobel Campbell, Soulsavers, The Gutter Twins... Los años fueron pasando sin que me diera cuenta y en diciembre de 2010 fui consciente de que realmente hacía mucho tiempo que no grababa un disco mío, así que me puse a ello”.
El resultado es majestuoso y supone su regreso triunfal. “Quería hacer un álbum canción a canción y que después todas encajaran juntas en un todo, como un disco compacto, aunque es lo que intento siempre”, explica. Y, no cabe duda, lo ha conseguido, hasta el punto de convertir el disco en una suerte de eléctrica y vibrante elegía. “Creo que todos los míos lo son (risas). No sé, eso es algo que deberían decir los demás, pero no me paro a pensar demasiado en esas cosas”. Tampoco lo hizo a la hora de buscar el título, aunque a posteriori resulte imposible pensar en uno más adecuado que “Blues Funeral”.“Suele ser lo último que decido, después de escuchar el disco completo. No es sencillo, pero de alguna manera hay que llamarlo (vuelve a reír), así que... Supongo que me gusta cómo suena”.
En la primera etapa de su carrera solista, Mark Lanegan tuvo como escudero a Mike Johnson (Dinosaur Jr.), que fue su mano derecha hasta 2001. Alain Johannes (Eleven, Queens Of The Stone Age) le tomó el relevo en “Bubblegum” y ha vuelto a ser su mejor aliado en el nuevo álbum. “Sí, es mi nuevo Mike Johnson, pero en realidad es mucho más. Mike es un gran amigo y un músico fantástico, que supo imprimir su personalidad tanto en los discos como en directo, pero Alain, además, es ingeniero, produce y se encarga de las mezclas. Como Mike, es un buen amigo, pero esta vez la relación ha ido mucho más allá en el plano musical. Ha sido un placer trabajar con él nuevamente, porque nos hemos entendido muy bien”.
 
MARK LANEGAN, Un paseo por el abismo
“Cuando hago música, me gusta tener cerca a mi círculo de amigos más cercanos, y tengo la suerte de que, además, son excelentes músicos”. Foto: Sam Holden
 
Ambos han sabido proporcionar numerosos detalles a las canciones, a las que dotan de singularidad (los coros stonianos de “Quiver Syndrome”, los diversos teclados de “Tiny Grain Of Truth”), pero, sobre todo, crean una atmósfera sonora que combina la tensión eléctrica con los sintetizadores de un modo totalmente diferente al de sus grabaciones anteriores. “Ya había trabajado con sintetizadores en ‘Bubblegum’, si bien es cierto que los utilizaba de otra forma. Esta vez quería que fueran más bonitos. Creo que, en parte, la culpa la tiene también el hecho de que, mientras estuve escribiendo el disco y grabando en el estudio, estuve escuchando mucho krautrock: Kraftwerk, Harmonia, Kluster, cosas así, que quizá tuvieron su influencia. Y cada día, cuando me dirigía en el coche al estudio, iba oyendo la emisora de Los Ángeles especializada en música de los ochenta (risas)”.
Sin embargo, “Blues Funeral” esquiva la tentación retro. Incluso cuando los sonidos sintetizados ironizan con la nostalgia, como ocurre en “Ode To Sad Disco”, un tema con origen cinematográfico. “El punto de partida es una canción titulada ‘Sad Disco’, que forma parte de la banda sonora de la película ‘Con las manos ensangrentadas’ (Nicolas Winding Refn, 2004), la segunda parte de ‘Pusher’, una trilogía que me apasiona. Está entre mis favoritas de todos los tiempos, y esa segunda entrega tiene una música increíble entre la que se incluye esa pieza, compuesta por Keli Holdversson, quien me sugirió hacer la mía. Por eso le puse ese título”. Siendo fan de Winding Refn, Lanegan también ha visto “Drive”. “Sí, fui dos veces, la misma semana que la estrenaron. Y me parece fantástica, aunque soy particularmente fan de la serie ‘Pusher’”.
“Mientras estuve escribiendo el disco, estuve escuchando mucho krautrock: Kraftwerk, Harmonia, Kluster, cosas así, que quizá tuvieron su influencia. Y cada día, cuando me dirigía en el coche al estudio, iba oyendo la emisora de Los Ángeles especializada en música de los ochenta”

No es el único corte que reclama atención particular en un disco en el que parece no sobrar nada y que sugiere algunos guiños al oyente que a veces no tienen el fundamento inicialmente supuesto. Porque, en un álbum donde se regurgita el blues con objeto de reubicarlo en pleno siglo XXI, cualquiera diría que una canción con un título como “Bleeding Muddy Water” tiene un obvio doble sentido. Cualquiera menos Lanegan. “Pues la verdad es que no se me ocurrió. Por supuesto, soy un gran admirador de Muddy Waters, como te puedes imaginar, especialmente de su disco ‘Electric Mud’ (1968), que es uno de mis preferidos de todos los tiempos, pero el título de la canción es una coincidencia”. Y ofrece una imagen tremendamente poderosa (la de sangrar agua embarrada) que no es la única destacable en el imaginario literario del disco, en el que no faltan las habituales colaboraciones de los amigos cercanos: Greg Dulli comparte protagonismo vocal en “St. Louis Elegy”, la guitarra de Josh Homme se desboca en “Riot In My House”, Chris Goss es el responsable del tono atmosférico de “Leviathan” y Shelley Brien (que se ocupó en la gira de ‘Bubblegum’ de las partes vocales grabadas por PJ Harvey) aporta el toque femenino a “Quiver Syndrome”.
Si da la sensación de que las grabaciones de Lanegan son como una reunión de colegas, es porque realmente lo son. “Un poco sí, no te voy a engañar. Cuando hago música, me gusta tener cerca a mi círculo de amigos más cercanos, y tengo la suerte de que, además, son excelentes músicos”. Muchos de ellos tradicionalmente asociados al grunge y al stoner rock, aunque en el caso concreto de Alain Johannes y el batería Jack Irons, ambos procedentes de Eleven, habría que hablar de neo-prog, una corriente poco ponderada que tampoco parece haber sido la razón para que Lanegan contara con ellos.“El rock progresivo es muy amplio, porque podemos estar hablando tanto de Emerson, Lake & Palmer como de King Crimson. Admito no estar muy al día en el tema, pero llegué a disfrutar mucho con una canción de Yes que ahora no recuerdo. Creo que es un género que gusta más a la gente que toca instrumentos”, concluye soltando otra ronca carcajada. 

ENTREVISTA (2007) JOHN CALE

Agujeros de vagabundo

Ni The Velvet Underground ni Andy Warhol: John Cale no quiere vivir de prendas. Mientras otros honorables blindan su jubilación a base de “unpluggeds”, reuniones y festivales de verano, él sigue tan íntegro como siempre. Por ello no encontraremos en esta entrevista citas a Lou Reed o a la banana más famosa del rock, sino apelaciones al rock’n’roll, al hip hop o a su proceso creativo. Adrián de Alfonso y Jaume Ribell hablaron con Cale justo antes de que se editase el directo “Circus Live” (2007), un repaso detallado a su extensa carrera y la confimación de un repertorio que es un pedazo de historia viva de la mejor música de las últimas décadas. 
Hay hombres que a ciertas edades usan Just For Men para disfrazar cómo afecta el paso del tiempo al color de su pelo. Hay otros que a los 64 lo llevan teñido con mechas rosas. Es el caso de John Cale, quien nos recibe de esta guisa en un hotel del extrarradio de Barcelona con más cordialidad de la que uno le adjudicaría a priori. Seco pero afable, parece estar en mejor forma física de lo que cabría esperar tras lustros de riesgos y excesos, unos excesos que a día de hoy le quedan tan lejos como The Velvet Underground, la banda que colideró hace cuarenta años y de la que Cale no se muestra demasiado proclive a hablar. Ni falta que hace. Su obra en solitario es tan apasionante y está tan llena de recovecos que con los veinte minutos que nos han sido otorgados para hablar no tenemos ni para empezar. Cale, perro viejo, prefiere centrarse en el presente: este mes de febrero llega a las tiendas “Circus Live” (EMI, 2007), un doble CD en directo donde resume esas cuatro décadas de vida dedicadas a la creación musical: un más que ajetreado trayecto del que su memoria parece haber salido resentida –la entrevista está plagada de pausas y de frases inacabadas– y que le ha llevado a dar bandazos entre la música experimental y el pop más clásico. “Ahora mismo no sabría decir un lugar”, responde John Cale cuando le preguntamos dónde vive actualmente. “A veces me siento un vagabundo en todos los aspectos, aunque creo que tengo una casa en Nueva York”, ironiza.
“En todos los conciertos que hago ahora mismo está prohibido sacar fotos, pero hicimos aquel llamamiento y nos llegaron muchas, y en algunas incluso se ven las señales prohibitivas que solemos disponer en las salas donde tocamos”
¿Por qué has titulado tu nuevo disco “Circus Live”? La última gira que hicimos fue larguísima, y acabamos dando vueltas los unos alrededor de los otros como si estuviéramos locos… Pero, bueno, el circo real empezó después de que acabáramos de mezclar. Originalmente, la idea era sacar un single, “Jumbo In Tha Modernworld”, pero luego nos dimos cuenta de que teníamos un par de canciones más con las que podríamos hacer un bonito EP. La compañía nos dijo que aquello no era factible, y nos propuso sacar un álbum entero. Todos los que participamos en la gira empezamos a remover entre todo lo que teníamos grabado y dimos con lo que sería el 90% del material que hemos recogido para el disco, pero entonces empezamos a descubrir maravillosas opciones que no queríamos dejarnos en el tintero. Llegamos a septiembre, cuando realmente queríamos haber acabado con la selección en agosto, y entonces se nos ocurrió la brillante idea de sacar un DVD. En octubre, cuando se suponía que tenía que salir el disco, perdimos definitivamente el control del proceso. Ahí empieza el circo real. Había tantas propuestas diferentes planteándose a la vez… Finalmente, hemos decidido publicar un doble CD con DVD y, además, una edición especial de tres vinilos con DVD. El “artwork” –realizado por el ilustrador Dave McKean– se ha hecho con tanto detalle y cariño… No sé. Ha sido una auténtica pesadilla, pero si realmente el disco sale al mercado tal y como lo hemos planeado, será una auténtica maravilla. En el vinilo, por ejemplo, hay un póster hecho a partir de todas las fotos que los fans han enviado a la página web. Es paradójico, porque en todos los conciertos que hago ahora mismo está prohibido sacar fotos, pero hicimos aquel llamamiento y nos llegaron muchas, y en algunas incluso se ven las señales prohibitivas que solemos disponer en las salas donde tocamos.
 
JOHN CALE, Agujeros de vagabundo
“Siempre hay ruidos ahí fuera: alguien tosiendo, los vasos en la barra… Mis conciertos tienen en cuenta el ambiente, permiten que esos elementos de fuera afecten a la música”. Foto: Colin Lane
 
No es la primera vez que publicas un álbum en directo, pero la verdad es que últimamente no se estilan demasiado este tipo de discos… La idea de hacer un álbum en directo surgió sin control. No hay nada premeditado en ello. Lo que ocurre con los discos en directo es que nunca sabes adónde te van a llevar. Tampoco tengo muy claro qué significa tener éxito con un álbum en directo... Ahora mismo me viene a la cabeza la toma en vivo del tema “In-A-Gadda-Da-Vida” de Iron Butterfly... con ese gigantesco solo de batería. Menuda bomba. Ha habido discos en directo que han llegado a ser verdaderos “hits”, pero es poco frecuente que eso ocurra. También me acuerdo de Peter Frampton. Su verdadero sonido de guitarra solo podía escucharse en sus discos en vivo. O Pink Floyd, que tienen algunos álbumes en directo que están mucho mejor grabados que sus discos de estudio; más que nada porque explican con mayor precisión cómo era cada uno de sus componentes.
“El riesgo llega no solo cuando estás tocando en directo, sino cuando después escuchas lo que has grabado. Es bastante delicado el momento en que debes decidir cuál de las tomas que tienes te interesa incluir en el disco o no… No sé, es como ponerse a uno mismo en un lugar altamente vulnerable”
¿Qué diferencias habría entre este disco y “Sabotage/Live” (Spy, 1979) o “Even Cowgirls Get The Blues” (ROIR, 1987)? Respecto a esos trabajos, este “Circus Live” tiene mucha más energía y se adentra más en la improvisación. No es un disco fácil de escuchar... Es el reflejo de alguien intentando dirigirse a un sitio que desconoce, intentando llevar su música a otro nivel. Por eso a veces las letras cambian y el significado de las canciones gira… En este sentido, el riesgo llega no solo cuando estás tocando en directo, sino cuando después escuchas lo que has grabado y te das cuenta de todo lo que has llegado a decir realmente. Es bastante delicado el momento en que debes decidir cuál de las tomas que tienes te interesa incluir en el disco o no… No sé, es como ponerse a uno mismo en un lugar altamente vulnerable.
Tienes fama de ser muy estricto con tu banda. ¿Tienes idea de cómo lo llevan?Esta es la tercera gira con esta banda. Más que miembros de una banda, los considero una tripulación que poco a poco va cogiendo forma. Son músicos que se respetan mucho entre sí y están realmente interesados en expandirse musicalmente. Pero también están los que cuidan el sonido… Son personas muy difíciles de encontrar porque normalmente piden mucho dinero. Y eso es algo de lo que no suelo disponer cuando me voy de gira... No sé, viajar con nueve personas es complicado. Pero el hecho de tener una tripulación a tu cargo es una experiencia única, y conseguir que funcione y sea capaz de materializar ciertas ideas es algo muy satisfactorio. En directo no solo toco guitarra y piano, sino que también utilizo el Roland SP-404, que es como un sampler, y el Kaoss Pad, que permite crear buenos efectos de voz, así que normalmente no puedo apartar la mirada de lo que estoy haciendo; por tanto, necesito que el resto de la banda tenga las cosas muy claras. Hace poco me hice con el último modelo de Kaoss Pad que ha sacado Korg, y es fantástico cómo consigue que la voz llegue a crujir... Solo por eso ya vale la pena comprárselo.
Te sigue gustando el ruido como antes… El ruido y el crepitar es todavía mi música favorita, en efecto.
 
JOHN CALE, Agujeros de vagabundo
“El ruido y el crepitar es todavía mi música favorita”. Foto: Colin Lane
 
Hablando de ruido y experimentación, ¿qué queda hoy en tu música de todas aquellas enseñanzas de John Cage y La Monte Young? La manera en que mi último álbum funciona es totalmente cageiana, eso no te lo voy a negar. Empiezo con un “drone” fantástico y a medida que va pasando el disco voy lanzando más y más “drones”... En este trabajo la música poco tiene que ver con lo que suele escucharse en la grabación de un concierto al uso, más que nada porque llega un punto en que todas mis canciones dejan de ser sacrosantas. Siempre hay ruidos ahí fuera: alguien tosiendo, los vasos en la barra… Mis conciertos tienen en cuenta el ambiente, permiten que esos elementos de fuera afecten a la música. El público produce también ese zumbido tan característico, parecido al de una radio, con el que hay que saber jugar. Es la idea de la música concreta, ni más ni menos… La Monte Young, en cambio, giraba más en torno a la entonación, y eso liga con lo que actualmente hago con el Roland SP-404. En el aparato tengo grabados varios “drones” de diferentes categorías. Lo que hago es disponer un “drone” principal y luego voy disparando otros que, aun estando en tonalidades superiores o inferiores, guardan una relación con él. De alguna manera, lo que hago es afinar el conjunto en relación a esa línea principal para crear una unidad que, en realidad, sea una única nota tónica. Es muy interesante jugar con eso. Los colores que consigues a partir de este procedimiento son maravillosos, y eso es algo que con una banda de rock al uso no suele tenerse en cuenta. Por ejemplo, en medio de “Mercenaries (Ready For War)” aparece ese terrorífico “drone” totalmente fuera de tono, pero funciona y le da una textura muy especial.
“Justin Timberlake me parece alguien muy inteligente, por ejemplo. Tiene mucho talento, y no solo para hacer canciones. Las producciones de Danger Mouse también me parecen soberbias... A nivel de letras no ha habido nadie como el tándem The Notorious B.I.G. y Tupac Shakur… R. Kelly también tiene grandes letras, aunque no querría entrar en sus problemas con la justicia”
¿Qué crees que no ha cambiado desde que empezaste a hacer música? Hay dos constantes: la inquietud y la frustración… La frustración me viene por no llegar a las cosas tan rápido como querría. Soy muy impaciente. Por ejemplo, cuando estoy en el estudio escribiendo una canción, muchas veces trazo cuatro líneas y al poco me deshago de ella. No soy capaz de definir adónde quiero llegar ni lo que quiero hacer hasta que toco mis canciones en directo. Necesito pasar por varios escenarios para darme cuenta de qué acorde le falta a una canción o qué cambio requiere en un momento dado. La verdad es que el hecho de saber que hay alguien que te está escuchando ahí fuera te hace más consciente de lo que haces o dejas de hacer.
Has trabajando con grandes músicos. ¿Alguno que haya dejado huella? Brian Eno es la persona con quien más chistes y absurdidades he intercambiado en mi vida. Era muy rápido y bueno en ello. Por ejemplo, podíamos montarnos en un taxi y empezar una conversación tipo: “¿Estás seguro de que encendiste la mecha?”, le preguntaba yo. Y él respondía: “Sí”. Y yo le decía: “La última vez que intenté encenderla estaba mojada”. A lo que él me replicaba: “No, estaba seca. ¡La he visto encenderse!”… No sé, empezábamos una conversación así en la parte de atrás de un taxi y el taxista nos miraba por el espejo con cara de miedo, lógicamente. Aquello era fantástico, y siempre funcionaba. Podías hacer ese tipo de bromas en cualquier sitio, y él siempre cogía el hilo perfectamente. Qué buenos momentos...
¿Qué tipo de música te interesa ahora? Hay algunos artistas de R&B que me gustan mucho. Baby Bash hace una música tremendamente sexy… Kokane sigue gustándome como el primer día. Su voz tiene mucha alma; me recuerda a la de Sly Stone, quien podía pasar de un gruñido a la voz más suave y dulce que pudieras imaginar en un abrir y cerrar de ojos. Eso sí, en general en las listas no hay nada que me atraiga demasiado. Además, siempre que escucho algo lo hago con oído de productor, y eso me cierra muchas puertas... Justin Timberlake me parece alguien muy inteligente, por ejemplo. Tiene mucho talento, y no solo para hacer canciones. Las producciones de Danger Mouse también me parecen soberbias... A nivel de letras no ha habido nadie como el tándem The Notorious B.I.G. y Tupac Shakur... R. Kelly también tiene grandes letras, aunque no querría entrar en sus problemas con la justicia.
¿Toda la música que escuchas está tan alejada de lo que haces? No. También oigo los discos de Nick Drake cuando voy a Starbucks, pero en ese momento me digo a mí mismo: “Estoy contento de que mis discos no suenen aquí”. Todo eso me hace pensar en lo fácilmente que hoy en día se asimilan cosas que en realidad no son fáciles de asimilar, como Sade o Seal.  

ENTREVISTA (1991) EINSTÜRZENDE NEUBAUTEN


La voz clama contra la nueva Alemania

Documento Rockdelux. Más de diez años después de darse a conocer, y sin haber abandonado por un solo momento los terrenos de la vanguardia musical, la banda berlinesa Einstürzende Neubauten aterrizó por primera vez en España en 1991 para ofrecer dos de sus espectaculares performances, en las que se entremezclaban el rock de vanguardia, las tendencias artísticas más avanzadas y una filosofía política heredera de los postulados de la Facción del Ejército Rojo. Blixa Bargeld, que compartía el liderazgo de estos activistas musicales con su papel como guitarrista en los Bad Seeds de Nick Cave, le habló a Jesús Rodríguez Lenin de política y provocación.
Desconocidos por completo para el público medio, el nombre de Einstürzende Neubauten (que traducido al castellano viene a ser algo así como “nuevas edificaciones que se derrumban”) sí es conocido en los ambientes culturales en contacto con las corrientes artísticas más innovadoras que han surgido en los años ochenta en la antigua República Federal de Alemania.
Procedentes de la isla cultural que era hasta hace poco más de un año el lado occidental de Berlín, Einstürzende Neubauten se dieron a conocer por sus agresivas representaciones escénicas. Su música –el principal motor de sus actuaciones– era una abrasiva mezcla de estructuras disonantes emparentadas con las tendencias de compositores de música contemporánea como Edgard Varèse, John Cage o Karlheinz Stockhausen, y una interpretación muy libre de lo que es el rock.
“Nunca he logrado enterarme de qué significa la palabra ‘comercial’. Me parece que cada vez gusta a más gente este tipo de música, pero no he podido comprarme todavía ninguna casa; debe de ser porque no hacemos música house”(Blixa Bargeld)
Una de las peculiaridades más llamativas de su puesta en escena –que luego sería imitada por otras bandas de la llamada “música industrial”­– era el uso de “instrumentos” no convencionales, tales como taladros eléctricos, hormigoneras, muelles, cristal golpeado por martillos, etc., que contribuían a crear una base rítmica apocalíptica y completamente inusual, sobre la que la guitarra, el bajo y la voz tejían un espeso manto de sonidos nihilistas, y proclamas revolucionarias abiertamente combativas, que con el paso del tiempo no solo no han perdido virulencia sino que en los tiempos “light” que corren han demostrado una perseverancia digna de alabar. Blixa Bargeld, su portavoz, se enfrentó al calor de la calle Galileo un domingo por la tarde (2 de junio), y sentado en una silla de ruedas que alguien había dejado olvidada –lo juro, así es– la noche anterior en The Revolver Club, atendió todas y cada una de mis preguntas con el agrado de encontrarse delante de “un camarada”.
Esta ha sido la primera vez que Einstürzende Neubauten ha actuado en España. ¿Tenías alguna referencia acerca del interés del público español en Einstürzende Neubauten? No tenía ninguna referencia especial, pero creo que tampoco ha habido una promoción adecuada del concierto…, pero no es tu culpa.
¿En qué ha cambiado Einstürzende Neubauten desde 1980 hasta el momento actual? Somos mayores, unos cuantos años más viejos.
(Alguien a mi espalda pregunta:) ¿Os habéis hecho más comerciales? Nunca he logrado enterarme de qué significa la palabra “comercial”. Me parece que cada vez gusta a más gente este tipo de música, pero no he podido comprarme todavía ninguna casa; debe de ser porque no hacemos música house.
Una vez entrevisté a uno de los miembros del grupo artístico de los sesenta Fluxus, el alemán Wolf Vostell, y aprovechando que él también ha grabado discos e incluso óperas, le pregunté por la música alemana actual, y lo único que me nombró fue Einstürzende Neubauten. ¿Qué te parece? Me parece estupendo. Estoy orgulloso de que haya gente que forma parte del panorama cultural alemán que nos conozca, y cada vez que una de estas personalidades habla de nosotros me siento encantado. Pero todavía no he podido comprarme una casa.
¿Qué porcentajes de arte y música hay en la obra de Einstürzende Neubauten?Afortunadamente, no he tenido que separar en porcentajes ambas facetas. Creo que eso es algo que debe opinar cada cual al enfrentarse al grupo.
En unas declaraciones de tu compañero Mark Chung, decía que denominaros “grupo” os servía para poder vender discos como si fuerais un grupo de rock. ¿Vosotros qué os consideráis? En alemán, a los Baader-Meinhof también se les denomina “grupo”, y tampoco es gente que viva o ensaye junta.
 
EINSTÜRZENDE NEUBAUTEN, La voz clama contra la nueva Alemania
Blixa Bargeld, en Barcelona (Ars Studio), el 1 de junio de 1991.
Foto: Celia Ayneto
 
En esas mismas declaraciones, Mark Chung declaraba su marxismo, y se preguntaba cómo podía estar satisfecho de cómo se desarrollan las cosas en el mundo siendo un marxista. ¿Qué ha cambiado en tu perspectiva de berlinés y de alemán la caída del Muro? Para mí personalmente, o para los restantes miembros del grupo, no ha supuesto un gran cambio, porque la mayoría del tiempo lo pasamos trabajando, y esto no ha tenido consecuencias en nuestro trabajo. Lo único que ha cambiado, en todo caso, es que nos ha permitido trabajar con un dramaturgo de la antigua RDA, Heiner Müller, con quien hemos colaborado en una banda sonora para su obra de teatro “Hamletmachine”. Ahora nos es bastante más fácil entrar en contacto con él.
¿Se os conoce en Alemania del Este? Sí, como una leyenda.
¿Piensas que ha sido positivo o negativo todo el conflicto socio-económico creado por la caída del Muro? Yo no soy quién para ponerme a hablar por boca de los varios millones de personas que formaban parte de la RDA, ni para considerar si ha sido positivo o negativo para sus vidas el cambio efectuado, pero lo cierto es que, como bien debes saber tú, Lenin, la miseria es una ley del capitalismo y la miseria ha llegado a estos cinco “länder” que antes eran la RDA. También se ha producido un auge del movimiento nazi, así que cada cual saque sus conclusiones.
“Los edificios construidos después de la guerra se levantaban siguiendo unas técnicas muy concretas, que sufren lo que se llama ‘fatiga de los materiales’. Estos edificios se mantienen en pie gracias, únicamente, a los cables metálicos que llevan en el interior de la estructura. Si estos cables se cansan, los edificios terminan derrumbándose. Son, por lo tanto, las ‘nuevas edificaciones que se derrumban’” (Blixa Bargeld)
Bueno, hablemos de vuestras actuaciones. Aquí no se os había podido ver nunca y circulaban muchas leyendas en torno a los conciertos de Einstürzende Neubauten. ¿Cuáles son ciertas y cuáles son falsas? Ese es un factor bastante malvado. Todas las leyendas son verdaderas. Muchas cosas de las que se escriben en los medios de comunicación terminan conformando una leyenda… No voy a terminar la frase, porque diría demasiado.
¿Cómo os repartís el trabajo dentro del grupo? Mi función es crear conceptos artísticos y letras. F.M. Einheit se encarga del ritmo. N.U. Unruh se encarga de investigar nuevos instrumentos, que construye a partir de materiales encontrados. Mark Chung es el editor y hace los contratos, aparte de tocar el bajo.
¿Y Alexander von Borsig? Alexander volvió a cambiar de nombre por el de Alexander Hacke. Ya no quería pertenecer a la nobleza.
¿Qué significado tienen vuestros seudónimos? El mío me lo puse cuando tenía catorce años, y lo desarrollé durante una época en la que igual que decidí cortarme el pelo de una manera determinada decidí cambiar de nombre.
¿A qué hacen referencia vuestros apodos? Era un decisión personal, pero tenía un significado de ruptura.
¿Y a qué edificios os referís con lo de Einstürzende Neubauten? En Alemania los edificios pertenecen a dos categorías, los que se construyeron antes de la Segunda Guerra Mundial, que se conocen como los “edificios viejos”, y los que se construyeron durante la Segunda Guerra Mundial, que son los “viejos edificios nuevos”. Los edificios construidos después de la guerra se levantaban siguiendo unas técnicas muy concretas, que sufren lo que se llama “fatiga de los materiales”. Estos edificios se mantienen en pie gracias, únicamente, a los cables metálicos que llevan en el interior de la estructura. Si estos cables se cansan, los edificios terminan derrumbándose. Son, por lo tanto, las “nuevas edificaciones que se derrumban”. Ahora es cuando pueden surgir diferentes interpretaciones de ese nombre. Si transmites esa idea a formas musicales, te encuentras con las formas musicales surgidas después de la Segunda Guerra Mundial, el rhythm’n’blues, el rock’n’roll, que también se derrumban. Pero hay más interpretaciones.
Hubo un época en la que el grupo se separó, y luego os habéis vuelto a reunir. ¿Por qué os separasteis y por qué habéis vuelto a trabajar juntos? No sabría explicarte los motivos de ninguna de las dos cosas. No me acuerdo. Pero lo cierto es que no anunciamos oficialmente la separación, ni tampoco anunciamos la reunión.
Para finalizar: ¿Chuck Berry o Karlheinz Stockhausen? (Una pausa increíblemente larga) No me gusta lo que hace Stockhausen actualmente, y me gustaría que caminara como Chuck Berry, pero… Me quedo con Chuck Stockhausen. 

martes, 8 de abril de 2014

no olvidar

not die today
morning nobody claimed your shadow
pounding so hard
nobody knows
last traces will be deleted
your memory
You know what I deny your love?
you deny it?
you can not see what I see
not today
not tomorrow
You can forget all
I do not

Movimiento 1

I have friends who can speak English very bad
sitting in your room
inhabiting their shadows all cry
like fools all the time
not hurt
do not cry
not feel
The'm breaking
pieces apart
no regrets

domingo, 16 de marzo de 2014

Cuando las serpientes preguntan
es cuando estamos por morir
y los tambores rezongan fríamente.
Fui un ser que nunca volvió atrás
que no bebió de las aguas envenenadas
Deberías detenerme
deberías detenerme...